El lado oscuro de nuestras fortalezas

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El lado oscuro de nuestras fortalezas

Hay una pregunta que le hago a casi todos los ejecutivos con los que trabajo: ¿cuál es tu mayor debilidad?

Y casi siempre pasa lo mismo. Silencio, y después una respuesta que suena más a fortaleza disfrazada. "Soy muy perfeccionista." "Me involucro demasiado."

Un estudio europeo siguió a líderes durante diez años y encontró algo revelador: en el 85% de los casos, lo que los descarriló no fue una debilidad nueva. Fue una fortaleza llevada al extremo.

El entusiasmo que se vuelve volatilidad. El foco que termina en indiferencia hacia el equipo. El carisma que deriva en manipulación.

El lado oscuro no viene de afuera. Viene de lo que somos.

Yo lo tengo claro: mi mayor debilidad es la ansiedad. Aprender a nombrarla fue parte de mi propio camino como aprendiz.

La pregunta no es si tenés debilidades. Es si te animás a conocerlas.

Este es un fragmento ampliado de El Líder Aprendiz, Parte I: Aprender a Conocerse.